EN 1961, cuando se estrenó «Desayuno en Tiffany’s», Truman Capote no disimuló su descontento ante la adaptación cinematográfica, de Blake Edwards: «Holly no es flaca, ni es “chic”, ni de cara huesuda como esta Holly Golightly», se quejó el autor quien, desde el principio, había querido que Marilyn Monroe interpretara ese papel. Seis décadas después de aquello, la Holly encarnada por Audrey Hepburn, vestida por Hubert Givenchy, fumadora sofisticada de boquilla kilométrica, frágil y juguetona, se ha convertido en todo un icono de la cultura popular. Finalmente, tras una serie de exabruptos y encontronazos, Truman Capote dio su brazo a torcer y reconoció que Hepburn había aportado unos matices desconocidos, y atrayentes como los diamantes que rodeaban su cuello, al personaje.
Cuando se convirtió en Holly, Audrey Hepburn ya tenía…