EL juego de despedida de Rafa Márquez se transformó en un merecido homenaje para el astro tapatío, de cuarenta años, que se retira oficialmente como futbolista tras una carrera intachable: cinco mundiales jugados, capitán en su momento de la Selección Nacional y del Barcelona, campeón de la Champions, de la liga francesa, y muchos otros méritos deportivos. Rafa se despidió en casa, en el Estadio Jalisco, el inmueble que lo vio nacer como futbolista en el Atlas del Guadalajara, y rodeado de sus más grandes amores: su esposa, desde 2011, Jaydy Michel, y dos de sus hijos, Leonardo, de tres años, y Santiago, de dieciséis, quienes lo acompañaron hasta el campo de juego.
En punto de las siete de la noche, comenzó el Partido por la Paz, el cual, además…