Diecinueve de septiembre. Otro diecinueve, treinta y dos años después. Un sismo de magnitud 7.1 desgarra el centro del país, lo cuartea. La Ciudad de México tiembla, las grietas se abren, se abren tanto que el daño es irreparable. Caen edificios, se desploman esperanzas, ¿cuántos se fueron? Duele decirlo. Cadenas humanas, miles y miles de ciudadanos, necesitan ayudar. La solidaridad se dispara. Hombres y mujeres arrancan escombros de las calles, cargan piedras, doblegan hierros. No les importan las amenazas (otros derrumbes, el preocupante olor a gas) ni las incertidumbres.
Muchas manos, minutos antes impolutas y tranquilas, se suman a manos polvorientas que buscan vida entre tanta devastación.
México lindo y querido, sí, pero también México que lucha, que se pone en pie, que se estremece en tiempos tormentosos, pero no…
