HACIENDO alarde de sus habilidades histriónicas, James Franco, quien nos ha acostumbrado a sus «maldades» como Harry Osborn, el hijo del Duende Verde, en «Spiderman», dejó atrás la piel de villano para enfundarse en la de cantante, pero no cualquiera, sino caracterizándose como el mismísimo David Bowie. A tres meses del fallecimiento del músico británico, el actor y cineasta estadounidense decidió hacerle un homenaje, a la par que disfrutaba su cumpleaños número treinta y ocho en compañía de algunos amigos, en Disneyland. Con una peluca en tonos rojizos, camisa color celeste, saco azul, pantalón blanco y una singular corbata con diseño de piano, el actor emuló la excentricidad de la leyenda del rock. Obviamente, no podía pasar por alto el distintivo rayo rojo y azul cubriendo el ojo derecho que…
