Bajo el mando de Dönitz, la Kriegsmarine recurrió de forma sistemática a la mano de obra forzosa en astilleros, bases de submarinos, arsenales, fábricas de armamento y obras defensivas, especialmente en los grandes búnkeres de submarinos del Atlántico y del mar del Norte (Brest, Lorient, Saint-Nazaire, Bremen, Hamburgo). La Armada solicitó y utilizó trabajadores procedentes del sistema concentracionario de las SS, integrándose plenamente en la economía de guerra como una pieza más del esfuerzo bélico.
El caso del búnker Valentin, en Bremen (hoy convertido en museo), resulta muy ilustrativo: en su construcción se empleó a unos diez mil prisioneros sometidos a condiciones extremas, con jornadas extenuantes, alimentación a todas luces insuficiente, castigos físicos y una elevada mortalidad, agravada además por los bombardeos aliados. De acuerdo con los registros conservados, murieron 553 trabajadores,…