Las primeras vanguardias del cine mudo exploraron los abismos de la mente humana desde perspectivas subjetivas, estéticamente distorsionadas, como vemos en dos obras maestras ambientadas en instituciones mentales: El gabinete del doctor Caligari (1920, 1), de Robert Wiene, y Una página de locura (1926), de Teinosuke Kinugasa.
En la era del manierismo hollywoodiense, en pleno auge del psicoanálisis, Anatole Litvak firmó Nido de víboras (1948), ambientada en un centro mental para mujeres. Más tarde, el drama sureño De repente, el último verano (1959), dirigido por J. L. Mankiewicz y basado en una obra de teatro de Tennessee Williams, mostró a una traumatizada joven, interpretada por Elizabeth Taylor (2), que es internada en una de estas instituciones por su tía.
Un año después de la publicación de la novela de Kesey, Samuel Fuller…
