“Me retiro porque no queda nadie más a quien vestir”, dijo Cristóbal Balenciaga al cerrar su casa de moda en 1968, cuando el prêtà-porter le asestaba un golpe mortal a la Haute Couture, el alma de su creatividad. La situación de aquel momento, con la llegada de una juventud que no quería verse “aseñorada” y que estaba influenciada por las creaciones de Courrèges, Mary Quant y los jeans, anunciaba una nueva era de la moda, en la que Balenciaga ya no encontraba terreno fértil para crear.
Hoy, casi cincuenta años más tarde, la historia se repite por una causa muy parecida: las personas están en búsqueda de individualidad y, gracias a la explosión de las redes sociales, también de lo nuevo. Querer ser único es entendible, pero la novedad, frenética,…
