Cuanto más contemplas la ciudad, y te mueves dentro de ella, más la amas, y cuanto más amor tomas de ella, más amor le devuelves, y si lo deseas, devienes totalmente parte de ella, de todo su intercambio de gozos y provechos, y esto, al fin y al cabo, es el modelo justo de la vida eterna, un símbolo de salvación. Esta ciudad pecaminosa de La Habana está construida de manera que puedes leer en ella, si sabes cómo vivir en ella, una analogía del Reino de los Cielos”, Thomas Merton, Diarios 1939-1968.
Fue una noche de noviembre. Bajaba la colorida calle Obispo de La Habana Vieja, entre sones de cumbia y olor a pan recién hecho, que vendían en paquetes de plástico que colgaban de los oxidados hierros de…
