Nuestra armadura, nuestro escudo, nuestra cubierta… esa que nos tocó por herencia con un color determinado y que, sin importar cuál sea su tono, no debería ser un factor para recibir mejores o peores oportunidades o tratos… La piel.
El órgano más pesado y el más grande del cuerpo humano, también podría compararse con la pasta de un libro en donde se escriben las caricias y, por ende, los títulos de millones de historias de amor.
Y es que en ella se guardan narraciones invisibles, pero igualmente otras que se nos quedan para siempre, cariños inolvidables, eternos, pero también los recordatorios de las heridas físicas que han sido parte de nuestras vidas. Felicidad y dolor; amor y memoria… A nuestra piel, incluso, la maquillamos; la decoramos con dibujos y símbolos…
