EL PASADO febrero, la Berlinale le otorgó un premio honorífico, citando la magnitud de una obra «deslumbrante» que aporta tanta humanidad, compasión, inteligencia, humor y estilo al cine. Deslumbrante: la palabra parece demasiado débil, demasiado pequeña, para calificar a quien, desde hace 40 años, desafía los géneros, las edades e impone una feminidad a contracorriente de los clichés hollywoodienses. Criatura de alabastro de grandes ojos verdes, Tilda Swinton, actriz camaleónica de silueta grácil, convertida a su pesar en icono de moda, inspira, fascina, hipnotiza. En 1992, una de sus primeras películas, Orlando, adaptación de Sally Potter de la novela de Virginia Woolf, ya marcaba el tono: interpretaba el papel principal, encarnando a un noble isabelino transgénero. En esta intérprete fuera de norma se adivina una profunda euforia por la metamorfosis,…
