Entre 1928 y 1931, tras un profundo estudio del macizo de los Montes Malditos, cuencas hidrográficas y afluentes, el reputado espeleólogo francés Norbert Casteret se convenció de que las aguas procedentes de los glaciares del Aneto, Barrancs y Tempestades, que desaparecían en la sima conocida como Forat de Aigualluts o Trou del Toro, resurgían en la Val d’Aran y alimentaban el río Garona. Para demostrarlo vertió en la sima fluoresceína, un colorante inofensivo pero carísimo, que Casteret pudo comprar gracias a la financiación de la Academia de Ciencias francesa, del Instituto de Hidrología, de la Sociedad Geográfica de Francia, la Fundación Martel y el Conseil Général de la Haute-Garonne, interesados en confirmar que ese agua suponía la mitad del caudal de río Garona, y que estaba en peligro porque una…