MOLINEROS, herreros, caleros, carboneros, canteros, albañiles, pastores, carreteros, muleros… A tiempo parcial o a tiempo completo, los lozoyanos tenían que hacérselo todo para vivir en un valle que, si bien era fértil y tenía unas primaveras esplendorosas, también sufría rigurosos inviernos y no tenía muy buenas comunicaciones. No había entonces Amazon ni entregas a domicilio y casi todo dependía de ellos y de sus habilidades. En la actualidad, muchos de aquellos oficios –por no decir todos– han desaparecido y suenan, en ocasiones, a argumentos de novela decimonónica. Para que el olvido no los haga desparecer completamente, el pueblo de Pinilla del Valle preparó hace algunos años una ruta temática en la que se recuerdan algunos de aquellos trabajos. Es una excursión corta y sin dificultad ideal para hacer en familia,…