En un mundo en el que las desigualdades sociales son cada vez más latentes, el diseño se ha posicionado —quizás con excesivo optimismo—como una potencial herramienta para el cambio que trasciende a sus «funciones comerciales» convencionales.
Esta demanda se manifiesta en la proliferación de etiquetas que enfatizan cualidades que, según los fundamentos del Diseño Social que apunta Víctor Papanek (Viena, 1923 – Lawrence, EE.UU., 1998), deberían ser inherentes a cualquier buena práctica: sostenible, inclusivo, colaborativo, universal, social. Tales denominaciones, pese a sus nobles intenciones, depositan unas expectativas comprensibles en su anhelo de cambio, a la vez que un tanto desmesuradas. Estas nomenclaturas, convertidas en disciplinas del diseño, se encuentran en una compleja encrucijada sociopolítica donde el acto de etiquetar puede terminar diluyendo la responsabilidad intrínseca del diseño a la que…