*Carta publicada originalmente en forbes.es el pasado 14 de diciembre
Con un tembleque de piernas escribo estas líneas; de pie, y me zambullo en la perplejidad y la tristeza. Hace solo unos días, recibía a Isak en la puerta de Forbes House, aún sin abrir, para enseñarle en primicia el primer club privado de Forbes en el mundo, el cual acaba de abrir en Madrid.
“Me retraso cinco minutos, Andrés”, me escribió. En menos de cinco minutos ya estaba abajo, con su sonrisa de pillo, su chaquetón azul, sus zapatos brogue marrones, sin corbata, y ese acento de 'nunca-hablaré-español-bien, pero así me he metido el mundo en el bolsillo'.
“¡Madre mía, Andrés, pensaba que habías montado un chiringuito!”, me dijo de broma en el hall de entrada, con un abrazo…