Spuadre, Alejandro Espinosa, ingeniero metalúrgico, estudiaba, por allá entre 1965 y 1970, en plena Guerra Fría, la relación de impacto de los neutrones y de los protones en una explosión atómica y cómo el aluminio podía ser un buen protector ante un ataque nuclear. Su madre, Sonia Avellán, ingeniera industrial por el Illinois Institute of Technology. Uno + Uno = Dos. La genética iba a hacer lo suyo y crear, obviamente, lo previsible, un hijo ingeniero industrial de características excepcionales. Juan Carlos Espinosa llegó al mundo en 1986 y, desde que abrió los ojos, su destino estuvo, de cierta manera, sacramentado. El resto de esta aventura, que hasta ahora dura 36 años, ha sido formación y trabajo.
Tomó sus primeras clases en La Condamine. Ese fue el trampolín para volar hacia…