Durante muchísimos años, México estuvo dividido en dos partes en cuanto a cultura cervecera se refiere. Dominaban el mercado dos grandes cervecerías que fueron acortando al mínimo la oferta de cerveza hasta reducirlas a claras y oscuras; además, en aras de su propia economía y ante la falta de competencia real, disminuyeron sus costos de producción a tal grado que terminó reflejándose en la calidad del producto final: una bebida pensada para producirse en enormes cantidades, pero en detrimento de su sabor. Sin embargo, durante la última década, la importación de cerveza extranjera, la explosión de las cervezas artesanales y la producción casera, vinieron a cambiar el panorama completamente.
El movimiento artesanal —que en términos sencillos se puede definir como cervecerías pequeñas, independientes (no pueden pertenecer a ningún consorcio trasnacional)…