Queridos caballeros, no están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo, pero ya ven que confío mucho, muchísimo en ustedes y que todo lo que leen aquí se lo guardan y no lo comentan y si nos vemos ni nos conocemos, ¿va? Júrenlo porque ahora sí les voy a contar algo muy, muy, muy privado.
Pues resulta que hace unos meses, un día cualquiera, me desperté con un dolor del culo. Literalmente. Sí, dolía como el culo, pero además dolía ni más ni menos que en el propio culo. Así como me ven de mona, resulta que yo también tengo un culo. No, no soy como los ángeles que no tienen ni vaginas ni culos ni nada, yo lo tengo todo. Y por fortuna completo y en su lugar.
Pero…
