Al menos, el de Guillermo del Toro, que tanto revuelo ha levantado en los últimos meses, bebe, sin duda, del expresionismo alemán que se desarrolló en las primeras décadas del siglo XX. En él, se estableció un diálogo claro entre el arte y el cine o el teatro de la época, que reflejaban la oscuridad en la que se sume la condición humana en tiempos de crisis y transformación, como los que se vivían entonces, con la confluencia de la industrialización, con su correspondiente crisis social, y el trauma que supuso la Primera Guerra Mundial. De esa época datan, por ejemplo, los grabados de Franz Marc y las pinturas de Emil Nolde o George Grosz, pero también películas como Nosferatu, una sinfonía del horror (1921), de Friedrich Wilhelm Murnau, o…