Madrid, 1583. Una abada (rinoceronte indonesio así llamado por los portugueses) llega como regalo para Felipe II. El desconcierto del agasajado y su corte ante el desconocido animal marca el destino del perisodáctilo, recluido en primera instancia en un corral cercano a la actual Gran Vía. Esta es la historia real detrás de la madrileña calle de la Abada, cuya placa de cerámica muestra incluso una ilustración del desdichado bicho. La ficticia, la que ha novelado como una fabula Carlos Bardem, se titula Badaq (Plaza & Janés) y es un retrato de época minucioso, delicioso, hiperdocumentado, y también cruel y despiadado porque así es el ser humano con la naturaleza, con el resto de los seres vivos y también con sus congéneres.
ESQUIRE: Carlos, ¿por qué rescatas precisamente esta historia…
