Caminando por la calle San Pedro, pleno centro de Hondarribia, peatonal, se entremezclan los idiomas: un grupo de jóvenes con mochilas y ropa deportiva hablan en francés; sentados en una terraza, tomando un vino, una pareja habla a sus dos hijos pequeños en euskera; más allá, otro grupo de mediana edad debate en castellano dónde sentarse a tomar algo. Hace sol, incluso calor, y este centro neurálgico de la pequeña localidad guipuzcoana (17.000 habitantes) está lleno de vida. No es de extrañar: a apenas 20 kilómetros de San Sebastián, en la desembocadura del río Bidasoa, frontera natural con Francia, Hondarribia es punto de encuentro de franceses, locales y mucho turista nacional que llega atraído por una mezcla perfecta de naturaleza, gastronomía, cultura y relax.
Ni siquiera el hecho de acoger…