En 2010, un grupo de arqueólogos británico descubrió, en el barrio londinense de Greenwich, enterrada a cinco metros de profundidad, una botella de 23 centímetros de alto, colocada al revés, esmaltada y con el dibujo del rostro de un hombre barbudo grabado. Tras un minucioso estudio, se concluyó que se trataba de una botella de bruja, llamada también “jarra Belarmino”, en honor, o quizá como burla, a san Roberto Belarmino, un jesuita italiano del siglo XVI, azote de protestantes y “martillo de herejes”. El interior de la “botella de brujas” encontrada en Greenwich contenía orina humana con un alto contenido en nicotina, azufre –elemento imprescindible en todo rito contra las fuerzas del averno–, doce clavos de hierro, ocho alfileres, un trozo de tela en forma de corazón y uñas recortadas.…