Llovía en Cambridge el pasado 31 de marzo. Nos dirán que esto nada tiene de extraño y misterioso, que llueve mucho en Cambridge. Así que, para darle un poco más de justificación a estas páginas, conseguiremos una atmósfera más enigmática si centramos la escena en un día oscuro y encapotado, en la turbación de un funeral. Sin embargo, un oficio borrascoso allí puede ser evocador, pero no por ello inusual. Ahora bien, si el cortejo que acompaña al finado por las calles de Cambridge hasta la iglesia de St. Mary the Great está formado por centenares de personas, al menos entenderemos que el homenajeado es una persona especial o, cuando menos, muy popular. Y en efecto que lo era. Quizá al nivel de una estrella del rock, una actriz de…