En Cuzco, capital del antiguo Imperio Inca –Tahuantinuyo– descansa el Coricancha, el cercado de oro, principal centro de veneración en torno al cual se arremolinaban las viejas provincias cuzqueñas –Chinchaysuyu, Antisuyu, Qollasuyu y Kuntisuyu– y las wakas –lugares sagrados tales como santuarios, templos, fuentes, rocas, cuevas, etc.–, conectadas entre sí por unas líneas imaginarias llamadas seqes que irradiaban con la trayectoria de rayos solares desde el centro mismo del templo. El Coricancha era, por tanto, el templo más importante del incanato, centro neurálgico del mismo, y foco universal desde el cual medir el mundo. Hasta el momento, tenemos marcadas en este mapa de disco solar de seqes que gira en torno al Coricancha un total de 328 wakas, aunque no fue hasta principios del siglo XX que los empezamos a…