La inteligencia artificial llegó para quedarse. Como cuando se inventó el internet o se lanzó el primer iPhone, estamos ante uno de esos puntos de revolución cultural que reconfiguran nuestras rutinas, lenguajes y vínculos. Solo que esta vez, el cambio no se limita a la manera en la que nos conectamos con el mundo, también está transformando cómo nos relacionamos con nosotros mismos.
Para muchos, la IA ya no es solo una herramienta, sino una presencia. Hay quien la usa como chef personal, “dame opciones de recetas con lo que tengo en el refri”, o para explorar nuevos gustos, en mi caso, “recomiendenme películas que me gustarían si me encanta Martin Margiela”, pero también hay quien le pide consejos amorosos, tiradas de tarot, o simplemente un poco de compañía. Me…
