¿Qué sería de la cultura pop mexicana sin este hermoso diálogo?:—¿Bueno?—Sí, sí, ¿Thalía? ¿Hablas tú?—Sí, ¿quién habla?—Erick, ¿cómo estás?—Bien, ¿y tú?—Oye, pues hoy hay una función muy buena y quería ver si querías ir al cine.—¿Ahorita?—Es a las ocho.—Es que me da pena.—Pero ¿por qué?—Pues porque hace mucho que no te veo.—Yo tampoco, pero vamos, ¿no?—Mmmh, no sé, déjame ver.—¿Qué tienes que ver?—Tengo que ver… eh, que ver, pues… pedir permiso.—¿Y a quién? Pídele permiso.—Es que ahorita no está mi mamá.—Entonces, ¿me hablas o te hablo al rato?—No, no, háblame al rato.—Ok. Oye, pero no me cuelgues.—¿Por qué no?—Porque quiero oír tu voz…
Siento que ese momento es uno de los grandes de Thalía, así como su entrada a la Catedral de San Patricio en Nueva York el día de…
