había un hombre que veía en cada tela una oportunidad, en cada prenda, una historia y en cada mujer, una musa. Se llamaba Isak Andic, creció entre los colores y aromas de los bazares de Estambul, donde aprendió que el valor de las cosas reside en lo que hacen sentir. Años después, el destino le llevó a Barcelona, donde el Mediterráneo se convirtió en su aliado y en su inspiración. Allí, junto al mar, pensó que la moda debía ser libre, accesible, con espacio para todos. Con esa idea abrió su primera tienda, un pequeño cosmos lleno de luz y de esperanza, y decidió tejer algo más que ropa. Soñaba con prendas que hablaran de mujeres reales, que fueran parte de sus días y de sus noches, que se movieran…
