Hace unos días, en un avión camino de la Semana de la Moda de Milán, estuve charlando con una compañera de profesión y buena amiga. Hablamos de la vida y le pregunté qué tal su hijo, si ya había empezado a trabajar; me comentó que sí, que lo veía muy contento porque lo había fichado una start-up española, exitosa y moderna. «Muy moderna», apostilló, con una estructura horizontal, cero jerárquica, y con una nueva visión de los recursos humanos. ¿La clave? Un CHO, o lo que es lo mismo, un chief happiness officer. «¡¿Un happiness qué?!», la interrogué con los ojos como platos. Un director de la felicidad, una especie de coach que se dedica única y exclusivamente a velar por el bienestar de la plantilla, a escucharla y, así,…
