La primera impresión nunca falla, es una declaración de intenciones. “Los propietarios querían una casa que transmitiera calma, pero que también tuviera carácter. Tranquila, pero auténtica, con su sello propio, con colores cálidos, pero no oscuros”, recuerda la decoradora Elena Castells, y aquí lo vemos con este azul cobalto –con un punto de verde–, contrastando con un luminoso greige, la base ideal para la cuidada colección de cuadros de los propietarios. También con este suelo que tanto costó encontrar: un laminado a prueba de niños, pero en espiga.
Las puertas acristaladas abren la casa a la luz, en el salón, la cocina, las habitaciones… La cocina tiene mucha capacidad, con vitrinas e interiores en roble que suman calidez En el salón, un enorme sofá en L acoge a toda la…