Paloma es de Madrid, y su pareja, de Barcelona, donde viven habitualmente. Cantabria es para ellos esa “zona neutral” donde se encuentan con sus seres queridos y donde se escapan cada vez que pueden. De hecho, Comillas es donde se conocieron sus bisabuelos, en 1914. Era solo cosa del destino que la pareja acabara comprando hace dos años esta casa de los 90 que estaba en desuso, a solo 3 minutos de la playa, para ellos y sus cuatro hijos.
“En pocos años, la vida nos ha cambiado mucho. Por eso queremos una casa que pueda evolucionar en el tiempo”, fueron las indicaciones que Paloma, la propietaria, dio a Berta Otero y Rocío Anós, arquitectas e interioristas del Estudio Boira. Así, Berta y Rocío planificaron una distribución que se adapta…
