Esta casa es un homenaje a mi madre, Anna. Al trabajo bien hecho, porque todo es obra suya, y a su inmensa generosidad con sus hijos, nietos y amigas. ¡Era una forofa de sus amistades! Para ella eran un tesoro”, nos confiesa Marta, heredera de esta joya en un pequeño pueblo del Ampurdán y que mima como tal. La casa atesora una historia tan singular como especial era su propietaria y alma máter. “Visualiza la cocina –nos reta Marta–.
Ahora elimina, por un lado, el salón y, por el otro, el dormitorio. Y quédate solo con la cocina. Eso era esta casa: un porche tipo cobertizo con una barbacoa. ¡La de comidas que compartimos aquí!”. ¡Increíble! ¿Cuándo fue el cambio? Por los nietos. A medida que crecían, la casa familiar,…
