Este no era un piso convencional. Así que la cocina, que comparte espacio con el salón, tampoco podía serlo. "La arquitectura era muy potente, con unos techos altísimos y ese maravilloso artesonado... Aquí, la típica cocina blanca no hubiera tenido sentido", explica Lara Pujol, la decoradora responsable del proyecto. En vez de eso ideó "una cocina mueble", que parece parte del salón. Para ello, diseñó un mobililiario de líneas rectas, sin tiradores y con los electrodomésticos panela-dos. ¿La guinda? El personalísimo color: "Es un lacado gris verdoso, que escogimos precisamente para dar ese punto diferente y elegante a la cocina", explica.
Además de la estética, la interiorista cuidó mucho el almacenaje, con soluciones pensadas a medida.
Combinó armarios altos, agrupados de manera simétrica en los dos extremos, con otros bajos…
