Solo hay hombres en mi vida: marido, hermanos y niños, todos varones. Y mis hijos ya no son pequeños, así que quería que se sintieran muy cómodos", nos cuenta Sofía, la propietaria de esta casa tan original del centro de Barcelona.
Quería que sus antigüedades convivieran en armonía con los gustos comedidos de su marido, Eduardo, y sus dos hijos, ambos ya en la universidad. Para llegar a un pacto decorativo, hizo de mediadora la interiorista Jeanette Trensig, de Cado: "Buscaban un aire cálido, pero no femenino. El único sitio con un toque más dulce y romántico fue su habitación, ahí cedió el marido", explica Trensig. El resto de la casa tiene una atmósfera sobria, pero audaz. "El salón es muy atrevido, de un gris oscuro casi negro que…
