En serio, pasó así. La casa está en Ruiseñada, pero en la redacción entendimos que le llamaban “la Risueña”. No era así, pero cuando entramos, notamos la alegría que aquí se vive cada vez que la familia se reúne, o incluso cuando Amalia, la propietaria, se sienta sola, tranquila, en el porche a leer. Esta es una casa para la alegría, para las risas, ¡claro que sí! “Es una buena casa, pero humilde”, dice Amalia. “Es buena porque tiene buenos cimientos, pero sencilla.
A la gente le sorprende porque aquí en el norte las casas de pueblo son tristes, y esta es alegre y vivida”. Cuando la compraron estaba “prácticamente inhabitable. ¡Tuvimos que rehacerla entera! Luciano, constructor de Hermanos Vega Díaz, supo entender lo que quería. Cambiamos la distribución, el…
