Querida Evelyn,
Por una serie de circunstancias en las que no entraré, pero que incluyen un banco, una pistola y una moto que se gripó en el peor momento, desde hace un tiempo soy inquilina del prestigioso Hotel Rejas. No te lo voy a negar: al principio fue duro, pero haciéndome respetar y, sobre todo, respetando a los demás mientras no sean nazis, o guardias, valga la redundancia, me he ido adaptando a este mundo. Trabajo en la biblioteca por las mañanas y hago carpintería por las tardes; juego a fútbol sala y al parchís; tengo buenas compañeras y alguna a la que llamo hermana. Tan cómoda estoy, en realidad, que el otro día me avisaron de que han pasado once años y que el mes que viene me ponen…
