¡POSESIÓN INFERNAL!
Sabido es que los primeros años los niños cogen de todo: paperas, piojos, y también demonios. Los más poderosos son los más fáciles de detectar: si ves que el crío gira el cuello 360°, por mucho que creas que “los niños son de goma”, lo llevas al osteópata. Más peligroso es un demonio menor, discreto, que se queda ahí dentro sin hacer aspavientos, y un día, cuando el chaval tiene 35, ¡zas!: lo pillas echándole nata a la carbonara.
TRATAMIENTO: Baptismo temprano (con agua, no como a los yates).
¡SIMIENTE DEL DIABLO!
Versión hardcore de la anterior: el niño es genéticamente sobrenatural, engendrado por el demonio. Más común en adopciones; si es tuyo, deja el Jägermeister. Los síntomas: animalitos muertos, travesuras tirando a cafres, cara de inspector de…
