La escalada y, años después, los descensos en piragua, fueron las herramientas que el escalador norteamericano Royal Robbins –autor de una treintena de primeras en el Valle de Yosemite, como la mítica Salathé, y líder de la primera edad de oro del bigwall– usó para desarrollar su carácter y su espíritu. La apertura y la repetición de rutas kilométricas de granito, la invención y mejora de técnicas pioneras, el nacimiento de una ética, descender por ríos que nadie antes había bajado en piragua, la aventura empresarial..., cualquier decisión, sea cual fuera el rumbo que tomara la vida de Royal, estaba guiada por firmes convicciones. La lealtad, la amistad, la generosidad y la perseverancia siempre acompañaron –o al menos siempre lo intentó– sus actos.
Para Robbins lo más importante nunca fue…