Los preámbulos de este fenómeno social y mediático que hoy se ha implementado en la televisión, y también en el cine, hay que buscarlos en los primeros años de la década del 2000, cuando en el mundo de la música oriental surgieron las primera bandas o grupos de K-pop, que sorprendieron al mundo entero arrasando en las listas de éxitos con canciones superpegadizas, perfectamente orquestadas a nivel coreográfico e interpretadas por adolescentes imberbes de caras casi plastificadas. En ese momento, en Europa y Estados Unidos, las boy bands como Backstreet boys, One Direction, Take That o New Kids on the Block arrasaban también con temas fáciles y pegadizos los primeros puestos del ranking de discos de oro y premios internacionales. Mientras, en Asia, formaciones como BTS, EXO, GoT7, Atray Kids…