Marruecos es uno de esos países que se suelen conocer poco a poco. Primero vas por curiosidad un fin de semana, luego otro, quizás más tarde una ruta por la costa o el desierto... y, sin darte cuenta, termina convirtiéndose en tu destino favorito. Te enamoras de su arquitectura, de sus sabores, de su artesanía, de sus aromas, del silencio del desierto y de las playas solitarias donde eres el protagonista absoluto.
Ya decía Alí Bey en sus diarios de viaje, allá por el siglo XIX, que traspasar el estrecho de Gibraltar era como entrar en otro mundo, y, en cierto modo, lo sigue siendo. Si bien, más que verlo como una desventaja deberíamos sentirnos afortunados de tener tan cerca una cultura tan rica y, en muchos aspectos, diferente a…
