Uno de los momentos más especiales que he vivido en México fue cuando hice mi propio altar para el Día de los Muertos (1 y 2 de noviembre) en honor a mi añorada abuela Fina Gessa. Todo el proceso de creación, en el que estuve guiada por dos amigas mexicanas, fue muy divertido y emotivo. Colocamos las ofrendas en dos niveles que simbolizan la tierra y el cielo. Me equipé con todo lo necesario: pan de muerto, calavera de azúcar, sal, copal, incienso, una cruz, flores, velas, papel picado, comida, adornos y una fotografía de mi abuela. De bebida, además de agua, puse mezcal. Al día siguiente, cuando desperté, ya no estaba. Mis amigas me dijeron que mi abuela se lo había bebido, y yo me lo quise creer (como…
