Capital de un imperio durante más de 600 años y de una próspera república los últimos 100, Viena combina como ninguna otra ciudad de Europa estilos tan diferentes como el barroco de los Habsburgo, el modernismo de final del XIX o el funcionalismo de las vanguardias de principio de siglo XX.
El gusto por la innovación no es sólo arquitectónico, también abarca la ciencia, el arte, la música, y por supuesto, la gastronomía, en la que se manifiesta su condición de cabeza de Austro-Hungría, el más multicultural de los imperios europeos que reunió, hasta 1918, a decenas de pueblos del este en una sola entidad política.
Sin duda, recorrer los 5,5 km el Ringstrasse, el bulevar construido sobre las murallas demolidas en 1857, es la mejor manera de familiarizarse con…
