Somos seres electromagnéticos. Por eso, podemos medir el campo magnético del corazón o del cerebro con pruebas como el electrocardiograma y el encefalograma; o se puede reactivar un corazón con las descargas eléctricas de un desfibrilador. Tu cuerpo, el mío y el de todas las personas, al igual que cada una de las células y microorganismos que los componen, tiene una carga electromagnética natural.
Durante toda nuestra historia en la Tierra hemos estado expuestos a campos electromagnéticos (CEM) nativos: la Tierra y el Sol generan CEM naturales, pero la mayor parte de la exposición a CEM de la sociedad moderna proviene de dispositivos electrónicos fabricados por el hombre: teléfonos móviles, wifi, bluetooth, relojes inteligentes, tabletas, ordenadores portátiles, objetos inalámbricos, torres de alta tensión, enchufes sin toma a tierra, cables alargadores,…
