y no una visita guiada, leí alguna vez por ahí, mientras pensaba en cuántas veces los mejores momentos de mi vida han sucedido sin planearlos. Una vez, por ejemplo, en un viaje de trabajo conocí a un hombre del que me enamoré, después de eso todo fue historia (y de amor, casi para siempre), ninguno de los dos volvió a pensar en el tiempo y, mucho menos, en el regreso, bueno, sólo para cambiarlo, dejarlo abierto o, simplemente, perderlo hasta encontrarnos... Desde entonces y durante años, juré dejarme sorprender del destino que, de manera sabia y constante, me dedica cosas esenciales sin importarle mi medio de transporte o cuantas horas tarde para llegar a él.
Recuerda que los mejores viajes de tu vida siempre estarán a punto de suceder ante…
