Podría decirles sin temor a equivocarme que uno de los mayores temores del ser humano radica, sin duda, en enfrentar sus propios y más íntimos demonios, esos que nos remueven profundamente y -a vecesdejamos que habiten en nosotros. Todos tenemos miedo a fracasar, a quedarnos solos, a perder a alguien que amamos o el trabajo, o simplemente a no encontrar otro, a no poder hacer algo que deseamos aunque lo intentemos con todas nuestras fuerzas. A veces nos quedamos en eso, porque un paso en falso nos podría obligar a regresar y volverlo a intentar, y en ocasiones puede no ser una opción; es ahí cuando sencillamente sacas lo mejor de ti, te acuerdas de qué estás hecha, evitas quejarte y te gritas con fuerza que no debes renunciar, pero…
