Por lo general, la vida adulta sucede así: nos pagan de manera quincenal, todas las cuentas llegan a casa cada mes y tenemos gastos todos los días. Digamos que de 100% del sueldo la mitad se va a pagos fijos (renta, auto, tarjeta de crédito, alimentos, gasolina) y el resto se tiene que dividir en placeres (entretenimiento, ropa, tu Cosmo, cafés). Y si tienes suerte, todavía quedará 10% de tu salario para guardar en el cochinito de emergencias.
Esa fórmula la conocemos de pies a cabeza, pero he aquí el problema de ese tipo de presupuesto, supongamos que en tus cuentas mensuales estableciste un límite de $1,800 para cenar con amigos, es el cumpleaños de tu bestie y en el primer viernes ¡bam!, te gastas $1,200. No hay problema, aún…
