(y no, ¡no es algo tan raro como puede parecer!)
«Como muchas otras mujeres, empecé a usar tampones a los 16 años. Pero siempre–y, repito, siempre–manchaba mis braguitas, aunque usara el tamaño adecuado para mi flujo. Recuerdo haberme mirado la vulva con un espejo para ver si podía estar pasándome algo, pero mi vagina, en apariencia, era normal (sobresalía un poco de piel, pero nada hacía pensar que hubiera que preocuparse).
EL DIAGNÓSTICO
Después de meses viendo cómo los pantalones se teñían de rojo, fui a mi ginecóloga. En cuanto introdujo el espéculo en mi cuerpo, se quedó sin habla. «Espera un momento», me indicó, y salió de la consulta. Volvió acompañada de otras doctoras y enfermeras, que se quedaron observando mi vagina. Una de ellas hojeó un voluminoso libro…