La sede de la Sociedad Deportiva Correcaminos, donde la historia rezuma por las paredes, tiene una especie de satélite. Es un moderno inmueble, al otro lado de la calle, donde trabajan los cerebros del maratón y el medio maratón. Allí, arriba del todo, después de pasar un par de niveles, está el despacho de Juan Botella, el director de la carrera, donde se mezclan los regalos de su hija, Sara, con pesados volúmenes de estadísticas de atletismo. Abajo, junto a sus compañeros, trabaja Blanca Iribas, la mujer que ha trazado en Valencia un circuito que podría ser, o no, el más rápido del mundo.
Es difícil saber cuál es el más veloz. ¿Lo es Chicago por tener las dos marcas más rápidas de la historia en hombres y mujeres? ¿Lo…
