Sevilla, topicazo, tiene un color especial. Y en términos pedestristas, nihil novum sub sole, cuenta con un movimiento atlético impresionante. Vigoroso. Ni calores en el estío ni lluvias, siempre maravillosas, en abril. Sevilla es una ciudad runner. De día. Y en la noche del Guadalquivir. Pero al frente, con un trazado fabuloso para las marcas, también por qué no decirlo bendecido por ese intangible que es el clima, ese maratón que lleva años congregando a miles de corredores de los más diversos puntos de la geografía, provincial, autonómica, nacional, peninsular, europea y, sí, hasta global. Sevilla tiene un color especial. Y un 42K más especial aún. En ese pelotón, hasta cinco atletas permanecen fieles, impasibles, al paso del tiempo. Aún lloramos al que era su sexto nombre, el extremeño Elías…
