Lo que hace grande a un atleta, a un corredor, a un deportista en general, no son las medallas, las marcas, las victorias, no es tener muchos admiradores, ni seguidores de sus hazañas.
Lo que hace enorme al atleta, al corredor, a la persona en definitiva, es el aprendizaje continuo a través del tiempo, más allá de la edad, no los mantras eternamente repetidos para propio convencimiento de que el presente fracaso augura el futuro éxito y el último puesto será el primero; ni tampoco los eslóganes que preconizan la justificación del dolor para encontrar la ganancia, o la inexistencia de lo imposible, o la realidad de los sueños difícilmente viables, porque los sueños se han de imaginar con los ojos abiertos y los pies en el suelo para palpar…