Los síntomas de un problema de tiroides no suelen ser muy alarmantes. Cansancio, irritabilidad, una cierta apatía, sentir frío o sufrir calambres, por ejemplo, son cosas que podemos atribuir fácilmente al estrés, a una época de malcomer, de insomnio… Por eso, no solemos darles importancia ni consultamos con el médico.
Esto hace que se diagnostiquen solo la mitad de trastornos tiroideos. Y es muy importante hacerlo porque la tiroides es la glándula que controla el metabolismo de nuestro cuerpo a través de la liberación de hormonas. Si no funciona, es fácil que no podamos perder peso e, incluso, que lo ga-nemos, que se nos caiga el cabello, que podamos sufrir una osteoporosis, problemas cardíacos, depresión, tengamos dificultades para concebir un hijo, etc.
El 10% de la población en España sufre un…