Una antigua fábrica de tres unidades ubicada en Portland, Oregon, Estados Unidos, fue transformada en un hogar lleno de vida cuyas áreas privadas y comunes abarcan una sola pieza de 220 m2. Tras doce años de trabajos de renovación, que implicaron derribar los muros divisorios, se logró un espacio con tres dormitorios, dos baños, cocina, desayunador, sala y estudio, perfectamente definidos mediante juegos de luces y sombras, materiales, colores y texturas rústicas.
Materiales aparentes en su expresión más honesta y natural, como muros de ladrillo y hormigón, el piso de concreto, con un acabado con pintura y terminado en cera, las vigas de madera en el techo y pisos de madera de cedro japonés generan un escenario lleno de autenticidad y simplicidad, logrando una fusión poética con el mobiliario de…